Palabras en la Tenida de Posesión como Venerable Maestra de la Resp∴ Log∴ 1477 Luz del Caribe al Or∴ de Barranquilla

El milagro de los vínculos en la Resp∴ Log∴ 1477 Luz del Caribe

Al progreso de la humanidad y a la Gloria del G∴ A∴ D∴ U∴

Qdas∴ Hnas∴ y QQ∴ Hnos∴, dignidades, oficiales, hermanas y hermanos visitantes, amistades fraternales que hoy nos acompañan, reciban todas y todos un T∴ A∴ F∴

Hoy estoy aquí con el corazón lleno de gratitud, de profundas emociones, de memoria viva y también de una absoluta conciencia de la responsabilidad que recibo. No llego a este lugar sintiendo que he llegado sola. Al contrario: llego con la convicción de que muchas personas me han sostenido, enseñado, corregido, esperado, acompañado y, en más de una ocasión, me han ayudado a volver a encender mi propia luz.

Por eso, estas palabras son una forma de dar gracias. También son una manera de mirar hacia atrás sin quedarme en el pasado, de abrazar este presente retador y de asumir, con humildad, el trabajo que nos espera.

Quise inspirar estas palabras en una canción que me ha acompañado mucho en la playlist de mi móvil: 絆ノ奇跡 o Kizuna no Kiseki, tema de apertura de Kimetsu no Yaiba: Katanakaji no Sato-hen, conocido entre nosotros como Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba – Arco de la Aldea de los Herreros.

Su título puede traducirse como El milagro de los vínculos. Esa frase me toca profundamente, porque siento que explica mucho de lo que somos y de lo que hoy estamos viviendo. Luz del Caribe no ha llegado hasta aquí por las casualidades de los dados del ojo que todo lo ve. Esta Logia sigue viva porque muchas voluntades han decidido sostenerla, cuidarla y creer en ella, incluso cuando las cosas no han sido fáciles.

Sé que puede sonar curioso que una mujer de 32 años, afrofeminista y caribe, encuentre inspiración espiritual en el anime. Pero así ha sido en mi vida. Del mundo que conozco en los viajes, en las lenguas, en las músicas y en las historias, adopto aquello que cala en mi ser. En los animes he encontrado preguntas profundas sobre la amistad, el deber, la pérdida, la disciplina, el sacrificio, la oscuridad y la luz. Quizás por eso esta canción me habló tanto: porque habla de caminar en medio de la noche, de seguir la senda aunque duela, de no dejar apagar la llama interior y de descubrir que muchas veces lo que nos salva no es la fuerza individual, sino los vínculos que nos sostienen.

Al escucharla en cierta mañana, pensé en nuestra Logia.

Luz del Caribe ha atravesado noches de incertidumbre, cansancio, ausencias, retos materiales, silencios y preguntas difíciles. Pero hoy quiero creer, y decirlo con el corazón, que esas noches no nos derrotaron. Más bien nos iniciaron de otra manera. Nos obligaron a mirar qué tan firme era nuestra luz, qué tan verdadero era nuestro compromiso y qué tan profundo era nuestro amor por el Arte Real.

Las Logias no se sostienen únicamente con reglamentos, cargos o colegios de oficiales. Las Logias se sostienen con presencia, afecto, trabajo, paciencia y con quienes llegan aunque estén cansados. Se sostienen con quienes preguntan, con quienes enseñan, con quienes hacen silencio cuando toca escuchar y hablan cuando toca defender la Obra. Se sostienen cuando sus miembros entienden que el vínculo fraternal no es una palabra bonita, sino una responsabilidad cotidiana.

Por eso digo que Luz del Caribe se sostiene por el milagro de los vínculos y asumir la Veneratura de esta Logia, para mí, significa cuidar ese milagro.

No entiendo este cargo como un lugar de poder personal. Lo entiendo como un servicio. Como una tarea que me sobrepasa y que solo podré honrar si camino con ustedes. Una Venerable Maestra debe ayudar a que la luz circule. Debe procurar que nadie se sienta invisible, que ninguna pregunta sea despreciada, que ninguna piedra sea considerada inútil, que ninguna hermana ni ningún hermano olvide que su presencia tiene sentido.

Además, asumir esta responsabilidad en una Logia mixta de la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain tiene hoy un significado muy especial.

Vivimos tiempos extraños: todo parece exigir rapidez, todo se consume, se responde y se olvida muy pronto. Muchas personas quieren resultados inmediatos, pero no siempre quieren procesos. Quieren pertenecer, vivir de una etiqueta o de un rótulo, pero a veces les cuesta comprometerse. Quieren luz, pero no siempre están dispuestas a atravesar la noche que conduce a ella.

La Masonería, Qdas∴ Hnas∴ y QQ∴ Hnos∴, no puede rendirse ante esa prisa. Si lo hace, pierde su alma.

Pero tampoco puede quedarse quieta, encerrada en sí misma, hablando solo para quienes ya entienden sus símbolos. Hay Logias que se están quedando rezagadas. Hay Talleres que han dejado de preguntarse cómo hablarle al mundo de hoy. Hay jóvenes, mujeres, hombres, diversidades, buscadores y buscadoras de sentido que tal vez necesitan la Masonería, pero no la encuentran cercana, viva ni humana.

Sabemos también que la Masonería está perdiendo miembros en muchos lugares. Eso no debe llenarnos de miedo, pero sí debe llamarnos a la reflexión. No podemos responder con nostalgia ni con superioridad. Tenemos que responder con trabajo, con estudio, con apertura, con fraternidad real y con una profunda capacidad de escuchar el tiempo que nos toca vivir.

Una Logia mixta de El Derecho Humano debe recordar que la igualdad es una práctica constante. Debe recordar que la libertad de conciencia es una forma de respetar el camino espiritual de cada ser humano. Y debe recordar que la fraternidad no puede quedarse en el ritual: debe convertirse en cuidado, acompañamiento, palabra oportuna, abrazo y presencia.

Por eso venimos con un Plan de Gobernanza Logial, construido a partir de un análisis DOFA y, sobre todo, desde una lectura sincera del momento que vive nuestro Taller. No venimos a improvisar ni a administrar la supervivencia. Venimos a trabajar con amor, método y disciplina. Venimos a fortalecer la vida interna de la Logia, cuidar la formación, renovar nuestros vínculos y proyectar nuestra Orden en el Caribe colombiano.

El enfoque de esta Veneratura será sencillo de decir, pero exigente de cumplir: cuidar la llama, ordenar la casa y abrir caminos.

Cuidar la llama significa fortalecer el egregor del Taller, la asistencia, la palabra fraterna, la formación de aprendices, compañeros, compañeras, maestras y maestros. Significa recordar que una Logia no vive únicamente por sus rituales, sino por la calidad humana de quienes los encarnan.

Ordenar la casa significa trabajar con planeación, actas, archivos, memoria, comunicación, calendario, responsabilidades claras y seguimiento real. La espiritualidad también necesita método. La fraternidad también necesita organización. El amor por la Orden también se demuestra haciendo bien las tareas pequeñas.

Y abrir caminos significa entender que Luz del Caribe no puede quedarse encerrada en sí misma. Nuestro Taller debe hablarle al tiempo que nos tocó vivir, sin perder su raíz iniciática. Debe tender puentes con otros Orientes, con otras Órdenes, con la academia, con la sociedad y con quienes buscan una Masonería viva, mixta, seria, humana y comprometida con el progreso de la humanidad.

Dentro de ese Plan de Trabajo asumiremos varios propósitos concretos.

Primero, fortaleceremos la formación masónica interna, porque no hay expansión posible sin profundidad. Queremos que cada aprendiz sienta que su pregunta importa; que cada compañero y compañera encuentre herramientas para seguir puliendo su piedra; y que cada maestra y maestro recuerde que enseñar también es seguir aprendiendo.

Segundo, trabajaremos por una gobernanza logial clara y fraterna, donde las responsabilidades no recaigan sobre una sola persona, sino sobre un cuerpo vivo de hermanas y hermanos que entienden que servir al Taller es también una forma de pulir el carácter.

Tercero, impulsaremos la memoria histórica de Luz del Caribe, porque ningún Taller puede proyectarse hacia el futuro si no honra con seriedad el camino recorrido. Nuestra historia no debe quedar dispersa, frágil o ininteligible. Debe ser reconstruida, cuidada y transmitida con respeto, para que quienes lleguen después sepan sobre qué columnas se levantó esta obra.

Cuarto, fortaleceremos nuestras relaciones fraternales e institucionales con otros Orientes y Potencias masónicas, especialmente en el Caribe colombiano. La Masonería crece cuando dialoga, cuando se reconoce parte de una cadena más amplia y cuando entiende que los vínculos también son una forma de expansión espiritual.

Quinto, daremos un lugar especial al trabajo social, porque una Masonería que solo se mira a sí misma corre el riesgo de volverse estéril. El Arte Real debe formar mejores seres humanos, pero esos mejores seres humanos deben servir a la sociedad. La luz que se recibe en el Templo debe tener alguna consecuencia afuera.

Y sexto, iniciaremos la creación del Semillero Masónico, pensado como un espacio de formación ética, humanista y simbólica para jóvenes interesados en cultivar pensamiento libre, liderazgo consciente, sensibilidad social y responsabilidad con la humanidad.

Este semillero no pretende adelantar indebidamente lo que pertenece al camino iniciático. Al contrario: busca preparar mejores seres humanos para la vida, para la sociedad y, si así lo decide su conciencia y lo permite el tiempo, para una futura vida masónica. Queremos sembrar jóvenes capaces de estudiar, escuchar, servir, liderar sin soberbia y comprender que la Masonería no es un adorno biográfico, sino una escuela de responsabilidad.

Si queremos que la Orden se expanda en el Caribe colombiano, debemos formar desde ahora a quienes puedan sostenerla mañana con seriedad, conciencia y amor. Necesitamos masones y masonas líderes, sí, pero líderes que no confundan liderazgo con protagonismo; líderes que sepan que la autoridad verdadera nace del servicio; líderes conscientes de su responsabilidad con la humanidad, con la Orden y con el tiempo histórico que les corresponde vivir.

Lo digo con humildad, pero también con mucha esperanza: con el milagro de los vínculos y con un trabajo incansable durante este año, vamos a aportar a la expansión de nuestra Orden en el Caribe colombiano.

El Caribe necesita una Masonería viva, que piense y que escuche; que no tema las preguntas de este tiempo y que comprenda que las mujeres, los hombres y las diversidades sexuales de nuestra región merecen espacios donde la formación ética, el pensamiento libre, la espiritualidad laica y la fraternidad verdadera sean posibles.

Una Masonería que abra sus puertas sin miedo ni prejuicios, que no excluya por género, origen o por las distintas maneras en que cada ser humano busca la luz. Una Masonería capaz de acompañar con dignidad el pulso real de este territorio que sueña, resiste y se transforma.

Hoy quiero agradecer, porque nadie llega a un momento como este sin haber sido sembrada por otros.

Mi primer agradecimiento es para David Mercado, mi maestro, mi docente, mi padre espiritual. A él le debo haber asumido la Masonería como escuela de vida. Le debo haber entendido que el conocimiento no sirve de nada si no transforma, que enseñar es una forma de amar y que la Masonería no puede quedarse en la apariencia, porque debe tocar la vida. A David le debo también algo que llevo en lo más hondo: haberme salvado dos veces la existencia. Su memoria no es pasado. Es llama viva.

Gracias a Samuel Díaz Beltrán, hermano mayor de la vida y de la Masonería, guardián de la escuela que dejó David Mercado, su padre espiritual. Gracias por cuidar ese legado, no como quien conserva una reliquia, sino como quien mantiene encendida una forma de estudiar, servir y caminar.

Gracias a Jader Guerra, el mejor amigo que me dio el universo. Jader me conoce más que nadie, y con él comparto esa flama íntima que aparece en la canción: esa que no siempre se explica, pero que nos sostiene cuando todo parece difícil. Hay amistades que acompañan y hay amistades que salvan. La suya ha sido ambas cosas.

Gracias a Gustavo Morales, porque fue el primer maestro que me mostró que la Masonería era mucho más amplia de lo que yo imaginaba; que había mucho más que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y el grado 33; que el universo masónico es plural, simbólico, histórico y profundamente vivo.

Gracias a Edinson Posso Basanta, con quien pude estudiar la historia y las formas de la Masonería. Gracias por abrirme, cuando apenas tenía 14 años, las puertas del archivo masónico de la Serenísima Gran Logia de Colombia con sede en Cartagena de Indias. A esa edad, una puerta abierta puede convertirse en destino.

Gracias a los maestros Hugo Leal, Antonio Prada Fortul y Juan de Dios Obregón, quienes también me recibieron siendo una adolescente ávida de conocimiento. Ustedes hicieron parte de esas primeras luces que me mostraron que la Masonería podía ser estudio, archivo, memoria, conversación y búsqueda.

Gracias a Luis Mariano Urueta, uno de los primeros maestros con quien estudié la Masonería del Caribe. Desde 2016 hasta hoy, nuestros intercambios han sido valiosos y constantes. Gracias por hacerme enamorar de Ciénaga, de su historia y de ese calor intenso en el que nos asamos como pollo, pero que también nos recuerda que el Caribe piensa, trabaja y ama con fuerza.

A los exalumnos y exalumnas de David Mercado que hoy son masones y masonas al servicio del país, mi reconocimiento y mi abrazo. Nos encontramos en las aulas del Claustro San Agustín, y cada encuentro es una manera de recordar que un maestro verdadero no muere del todo cuando sus enseñanzas se convierten en servicio.

Gracias a Pablo Ríos Ciaffaroni, quien me abrió las puertas de la Cátedra Latinoamericana Giordano Bruno y también de su vida. Nos unen Chile, la Masonería y la academia. Nos une la convicción de que América Latina también debe pensarse desde la libertad de conciencia, el humanismo y la fraternidad.

Gracias a Jesús Calle, ejemplo de liderazgo masónico en el mundo. Mi retorno a la Orden también pasa por él. Volví luego de cinco años de estar en sueños. Volví después de estar fuera del país por un tiempo. Volví después de sanar heridas provocadas por aquello que, con dolor, solo puedo llamar pseudo masonería: formas vacías, prácticas sin espíritu, palabras que no cuidaron y símbolos usados sin amor. Fue el Ilustre Hermano Jesús quien me hizo una pregunta sencilla, pero profundamente iniciática: ¿Ya estás lista para volver a los trabajos?

Esa pregunta me tocó el alma. No fue una invitación formal. Fue como si alguien llamara a una puerta interior que yo había cerrado para poder sanar. Y aquí estoy. De vuelta. No perfecta. No intacta. Pero viva, agradecida y dispuesta a trabajar.

Gracias a Néstor Herrera, Olga Vega y Norma Alejandra Herrera, maestros que salvan logias desde el sacrificio, muchas veces en silencio, sosteniendo columnas, dedicando tiempo y corazón a la expansión del Arte Real.

Gracias a Margarita, Rafael y Margarita Granados, por haber sostenido este Taller con todos sus retos durante estos 37 años. Quiero seguir aprendiendo de su historia para no fallarle al momento que estamos viviendo. Quien llega a servir una Logia no empieza desde cero: recibe memoria, trabajo, aciertos, errores, heridas y responsabilidades.

Gracias a Raúl Cardona, con quien sostengo una conversación permanente sobre Masonería, investigación científica y trabajo social. En esos diálogos, a veces insistentes y hasta redundantes, hemos vuelto muchas veces sobre una misma pregunta: para qué sirve la Masonería hoy y cómo puede volver a tocar la vida de las personas.

Gracias a los aprendices Jorge Eliecer y Cindy, y al compañero William. Con ustedes me une una causa profunda. Ustedes sostienen el Taller y me hacen ser mejor maestra masón todos los días. Son mis amigos, mis cómplices en la vida personal, en la vida pública y en la Masonería. En ustedes veo el porvenir de Luz del Caribe.

Gracias al sabio maestro Nicanor Flórez, mi mejor causalidad de este año. Gracias por su fuerza, por su entrega y por esos brillos masónicos que tanto necesita el mundo.

Y gracias a mi familia, con todo mi ser. A mi abuela María; a mi abuelo Roberto, en la Gran Logia Eterna; a mis tíos que me acompañan en el corazón; a mi mamá Betsy; a mi hermano Larry; y a mi sobrino-hijo Andrés Alejandro. Los amo profundamente. Gracias por compartirme los primeros sábados y domingos de cada mes para este proyecto masónico que cada día toma más fuerza. Gracias por entender mis viajes, mis ausencias, mis cansancios y mis entusiasmos. Nada de esto sería posible sin ese amor que me sostiene desde la raíz.

También quiero agradecer los vínculos institucionales que hemos venido fortaleciendo.

A la Resp∴ Log∴ Simbólica Unión Fraternal al Or∴ de Ciénaga, en cabeza de su V∴ M∴ Jacob Rodríguez Buelvas, nuestro abrazo fraterno. Los QQ∴ HH∴ de Ciénaga han sido profundamente fraternales con nosotras y nosotros. Nos han recibido con afecto, generosidad y verdadero espíritu masónico. Ciénaga custodia un tesoro para la Masonería Universal: el segundo templo masónico más antiguo de este continente, una casa donde la memoria no duerme, sino que sigue trabajando.

A la UMSOI, en cabeza de su excelentísimo maestro Luis Callo Armera, gracias por los puentes, los intercambios y la posibilidad de reconocer que la Masonería crece cuando dialoga con otras tradiciones iniciáticas.

A la Gran Logia del Norte de Colombia, nuestro reconocimiento por su lugar en el Or∴ de Barranquilla y por los lazos que se han venido fortaleciendo.

A Fedelogias, gratitud por los espacios de acercamiento y por la posibilidad de construir relaciones masónicas desde el respeto y la madurez.

Qdas∴ Hnas∴ y QQ∴ Hnos∴:

Este momento no es solamente un cambio de oficialías. Es una invitación a cuidar con respeto lo que hemos recibido, a corregir con humildad lo que deba ser mejorado y a encender con nueva fuerza aquello que todavía puede arder.

No traigo promesas de perfección, sino la certeza del trabajo.

No aseguro un camino sin dificultades, pero sí mi presencia.

No digo tener todas las respuestas, pero sí la disposición de escuchar, estudiar, cuidar, convocar, aprender y servir.

Quiero que Luz del Caribe sea un Taller donde cada aprendiz sienta que su pregunta importa; donde cada compañero y compañera encuentre herramientas para seguir puliendo su piedra; donde cada maestra y maestro recuerde que enseñar también es seguir aprendiendo; donde la tradición no sea una jaula, sino una raíz profunda; y donde la fraternidad sea una práctica concreta.

Quiero que esta Logia siga siendo luz que orienta, que abriga, que estudia y que transforma. Que esta Veneratura sea un tiempo de vínculos, presencia, cuidado, expansión, memoria y humildad.

Que nunca olvidemos que atravesamos la noche.

Que nunca olvidemos que la noche también nos inició.

Que nunca olvidemos que la llama que mora en nuestro interior nos fue confiada para custodiarla y transmitirla.

Y que jamás perdamos de vista que una Logia no se sostiene por una sola persona, sino cuando muchas voluntades deciden arder juntas y convertir su fuego en obra común.

Qdas∴ Hnas∴ y QQ∴ Hnos∴, gracias por confiarme esta responsabilidad. Gracias por permitirme servir. Gracias por ser parte de esta cadena. Gracias por este milagro de vínculos que hoy nos reúne y que, con la ayuda del G∴ A∴ D∴ U∴, seguirá sosteniendo a nuestra amada Resp∴ Log∴ 1477 Luz del Caribe al Or∴ de Barranquilla.

Que jamás se apague nuestra llama, la que sigue permitiendo que el milagro de los vínculos exista.

María Alejandra BENÍTEZ HURTADO, M∴ M∴
V∴ M∴
Resp∴ Log∴ 1477 Luz del Caribe
Or∴ de Barranquilla

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